V Corre por una sonrisa
Gracias a la originalidad y a la tremenda exigencia física de esta carrera se ha convertido en una cita casi obligatoria en nuestra agenda deportiva. Es el mejor entrenamiento organizado y es aquí donde se recortan segundos para las próximas carreras. Sin embargo el mal tiempo acompañado de una intensa lluvia, nos hizo dar hasta el último aliento.
Reconozco que es la primera carrera en la que al levantarme de la cama se me pasó muy seriamente por la cabeza la idea de no ir. A través de la ventana pude comprobar como el cielo amaneció completamente gris. Llovía intensamente y hacía relativamente frío. Además se sumaba que mi compañero no podía ir en esta ocasión, lo que hacía que no hubiera ese grado de compromiso mutuo. Sin embargo, al final me animó pensar que, ningún día, uno se levanta con ganas de sufrir, pero una vez que estás allí, rodeado de gente, calentando o recogiendo el dorsal ya no querrías volverte.
Nada más llegar recuerdo que me impresionaron dos cosas. La primera era la notable ausencia de participantes, y la segunda los obstáculos que había en la meta, un barrizal por el que había que arrastrarse y el famoso muro, se me ocurrió que al estar lloviendo de la manera en que lo estaba haciendo quitarían alguno. Al terminar, después de hacer los diez obstáculos, uno por kilómetro, me di cuenta de lo ingenuo e inocente que había sido.
Después de calentar por allí lo mejor que se podía hacer era entrar a la zona del arco de salida cuanto antes. Allí me llevé una enorme sorpresa al ver como habían venido a animar pese a la que estaba cayendo unos amigos, Pilar y Carlos. Gracias a ellos tengo fotos pasando por algunos de los obstáculos. Desde aquí les mando un fuerte abrazo y les vuelvo a animar para participar juntos en alguna carrera, puedo asegurar que no todas tan exigentes como esta última.
Al despedirme me volví a situar y me puse, increíblemente, en segunda línea de salida. A todos nos habían dado un globo que estábamos deseando soltar para empezar cuanto antes. Ya que nos estábamos empapando al menos hacerlo corriendo. Por fin, dieron la salida, y yo tenía la idea de salir como un cohete y descansar cuando viniera el segundo obstáculo, el de los tubos, ya que el año pasado al tener que pasar de uno en uno agachados se formó un tapón en el que había que parado esperando en fila. Pero de repente, giramos a izquierda y ya se trastocó un poco la estrategia. Ahora era seguir mi propio ritmo, siguiendo un poco a los de delante para exigirme un poco más, pero obviamente dejando irse a los fuera de serie. Había que ir controlándose por lo que pudiera pasar. Al segundo o tercer kilómetro comprendí que el recorrido iba a ser justo al revés.
El primer tramo en cuesta fue mortal, de terminar con el corazón a mil. Y el primer obstáculo fue bajar por la lona de plástico resbalando sentado. No fue nada difícil con la lluvia y estando medio helado. Recuerdo que lo pasé mal porque al ir apoyado todo el rato con las manos al bajar, pese a los guantes, al final terminaron calándose y después las llevaba congeladas. Nadie se puede imaginar que durante casi todo el recorrido lo único que pisamos era auténtico barro, porque todos los caminos eran de tierra. Y lo peor era que el resto al ser césped estaba lleno de escarcha y hielo, porque no hacía sol, con lo cual el riesgo de resbalarse era casi mayor.
No me acuerdo del orden de todos los obstáculos pero si de los importantes como tener que pasar a través de seis contenedores de escombros, vallas de madera (cada cual más alta), ascender por una pared embarrada casi vertical ayudándote por una cuerda, sortear una alambrada, justo antes de la torre donde la vez anterior estaban tocando unos gaiteros, donde más de uno, yo incluido, nos dejamos algún trozo de malla. Las escaleras este año tuvimos que bajarlas. Pasar entre gomas elásticas, los neumáticos, los tubos...y lo mejor llegó al final. Ahora si que parecía el programa de televisión, Humor Amarillo, igualito. Creo que fue el antepenúltimo, cruzar una especie de canal (el agua debía cubrir por las rodillas) a través de barcas flotantes puestas del revés.
Ya se veía el final de la aventura. Llegamos a la explanada desde la que salimos. Primero pasamos por encima del arco hinchable de Divina Pastora que estaba tumbado en el suelo. Luego llegó la hora de arrastrarse por el barro pasando por debajo de las redes, según me apoyé sobre las manos se hundieron hasta las muñecas. Los guantes enteros y las rodillas acabaron hasta arriba de lodo.
Me los quité para poder trepar por la última prueba, el muro, pero fue imposible. La cuerdas que habían colgando resbalaban. Gracias a otro corredor que puso las manos a modo de escalón pude superarlo, desde arriba le tendí la mano para que subiera él pero no fue posible, salieron dos chicos de la organización e hicieron lo mismo que el corredor. Una vez pasado el muro ya solo quedaba cruzar la meta, sin embargo no me pareció justo entrar antes que el corredor que me había ayudado así que esperé detrás y le dejé que entrara él primero.
Al final terminé entrando en 0:48:58 y acabé el 20 de la clasificación de unos 250 corredores. Estar entre los veinte primeros, pese a la baja participación, no está nada mal, aunque lo mejor es que se positivamente que completando esta carrera hice el mejor entrenamiento para preparar las carreras de Marzo, donde el crono ahora si que estará muy presente en ellas.
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